jueves, 11 de septiembre de 2014

No son ellos, es el capitalismo quien habla.

La  aparición en los medios de comunicación capitalistas de ciertos personajes con pensamientos extremos, que no se cortan a la hora de emitir declaraciones inadmisibles para cualquier persona con un mínimo de humanidad... Tienen una utilidad burguesa clara: hacer buenos y aceptables para la opinión pública cualquiera que se enfrente a ellos (mediaticamente hablando), es decir cualquier individuo presentado por la propia burguesía como candidato a lavar la cara del régimen que está sustentando ese capitalismo en el que ellos son los dueños.



Esto es, efectivamente, un intento de establecer la balanza en el punto donde ellos así lo precisan, pues ¿quién está realmente dispuesto a admitir el fascismo, el machismo o el genocidio, como algo cotidiano en televisión?...

Gracias a este grupo de esperpénticos personajes (algunos pueden llegar a ser actores incluso) con espacios en radio, prensa y televisión… el sistema consigue que su población se sienta en un régimen de libertad para expresar sus ideas a la par de mantenernos distraídos ante el denigrante y llamativo espectáculo interrumpido por los anuncios de sus promotores. La población habla de lo que el medio de comunicación quiere que hable y cuando quiere que hable… parece que nos pretenden alejar de las justas reivindicaciones que se han llevado haciendo desde siempre y que mantienen viva la llama revolucionaria que tratan de apagar.

Otra idea que tiene la burguesía es trivializar y normalizar algunos aspectos del mundo que nos están preparando para generaciones futuras. Y es que hay que tener en cuenta que el capitalismo no puede detenerse ya ni aunque sus propios beneficiarios burgueses rectificaran. Significa sin miedo a equivocarnos, el avance de un terrorífico estado, muy parecido a este pero aun desconocido, donde la humanidad en su totalidad esté esclavizada y a merced de algunos logotipos. Tras la caida de la URSS siguen acortando camino hacia sus objetivos: ya nos han quitado las armas, el siguiente paso es quitarnos la palabra y el siguiente la conciencia, y por último la humanidad y la solidaridad. Así sucederá si no aligeramos la marcha hacia nuestra necesaria liberación para salvar el futuro de la humanidad.

BRANIN


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